Una ficción sobre la inmigración italiana en la Buenos Aires de principios de siglo


Este es un libro de biografías individuales de historias paralelas, pobladas de imágenes que cobran movimiento y hacen una película, una obra colectiva que reconstruye el inicio del siglo XX argentino. Se trata de Las cocoliches una novela en la que la escritora Nora Mazziotti visita una Buenos Aires en plena edificación, donde los inmigrantes italianos juegan un papel fundamental. Los de la novela y los de la familia de la autora (calabreses y genoveses).

En esta ficción, las cocoliches son Luisa, Amelia y Aída, tres modelos de mujeres luchadoras, que deben escribir su historia más allá del deber ser, el mandato y las normas masculinas de la sociedad. Es una novela que las devuelve fortalecidas en un contexto en el que deben vencer desafíos a diario para seguir el rumbo de sus deseos.

Mazziotti cuenta aquí cómo armó esta trama plena de personajes complejos y ricos y cada uno con sus hojas de vida a mitad de camino: todo está por hacerse.

En la contratapa del libro, la escritora Liliana Viola sostiene: «A contracorriente de la mirada que nos legaron el sainete y el grotesco, nos propone una mirada moderna, nada piadosa ni ingenua, de un pasado condenado a morir con las últimas sobrevivientes».

Nora Mazziotti. Docente, ensayista, investigadora y experta en teatro y telenovela.

Nora Mazziotti. Docente, ensayista, investigadora y experta en teatro y telenovela.

Mazziotti ha sido docente, investigadora ensayista y le ha dedicado gran parte de su vida a la historia del teatro y de la telenovela. Ahora, sigue trabajando la ficción que escribió en pandemia Vida y milagros y también participa de un volumen colectivo sobre los 50 años de Rolando Rivas, taxista. Habló con Clarín Cultura.

–¿Qué lugar ocupan Luisa, Amelia o Aída –las cocoliches– en esa época y también en relación al lugar central de los hombres de entonces?

–Siempre me interesan las historias de mujeres. Yo escuché mucho, fui una gran oreja de mi abuela genovesa, mis tías, de las historias de mujeres de barrio. Yo admiro a las primeras médicas, enfermeras, maestras, pero también a las mujeres comunes que estaban parando la olla y a cargo de hermanos más chicos. Eran chicas, muy chicas. Te contaban cosas como: “mi bisabuela vino a los 15 años, en barco, se le murieron los padres”. Uno dice ¡Dios mío! Y las imagina en esa época cruzando el océano, tan jóvenes.

–Uno puede deducir de dónde viene el título pero, ¿quienes son Las cocoliches y qué es el cocoliche?

–El cocoliche es la lengua, la jerga ítalo criolla, ítalo argentina porque también se le dice cocoliche al portuñol. En el teatro se les llamaba a los actores que hablaban un castellano reciente, champorreado, y las protagonistas se asumen como cocoliches. También se le dice a la ropa estrafalaria o mal combinada y a la gestualidad exagerada de los italianos.

En el teatro empieza con los hermanos Podestá (fines del siglo XIX), en ese primer teatro rioplatense ya hay personajes Ítalo criollos. La caracterización en el libro va por la lengua, la ropa, el tipo de situación y el hecho de que ellas se asumen como cocoliches. Hacia el final de la novela ponen un mercadito, laburan como bestias, les va bien y le ponen “Las cocoliches”.

–Así, en femenino…

–Lo reivindico porque siempre se lo usa en masculino, y ellas se asumen como mujeres cocoliches, tanas y argentinas.

Fila de inmigrantes italianos para ingresar en Buenos Aires. Foto A.G.N

Fila de inmigrantes italianos para ingresar en Buenos Aires. Foto A.G.N

–Eso que tanto estudiaste en teatro, folletín, telenovela, en estas mujeres, ¿cómo lo ves desde el presente, desde esta novela?

–Veía en estas y otras mujeres, temas como la violencia de género. Si escuchás letras de tango, y lees los sainetes también se da esa condena a la chica que quiere dejar la pobreza, el conventillo. Es tremendo como la señalan con el dedo. De ahí lo de «Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente… ¡berretines de bacana que tenías en la mente desde el día que un magnate cajetilla te afiló!» («Margot»). O sea, una condena de la chica que quiere dejar de ser pobre.

Vos leés las obras de teatro y decís “Dios mío”… Ponelos en una pieza de conventillo a vivir con 4 o 5 personas, amontonados con sus muebles, ropas, canastos con comida… Eran muy pobres y querían irse de esa pobreza. También lo lees en el poema de Evaristo Carriego, «La costurerita que dio aquel mal paso… -y lo peor de todo, sin necesidad-”… Eso lo dicen los hombres.

–Es tremendo, la condena…

–El que no condena a la milonguita es José González Castillo, que es guionista, autor de tango, padre de Cátulo. Él hace un tango que es «Griseta» y que ahí no hay condena a la mujer. La «milonguita» es la que cayó, se fue del barrio y termina tísica, en el tango.

La tuberculosis era una enfermedad endémica, entonces ahí está la condena: te fuiste, pecaste, te mantuvieron, y terminás sola en un hospital. ¡Es tremendo el ciclo de la milonguita! Claro, yo leía esas cosas y las cuento hoy, cien años después.

–Mientras los personajes se van desarrollando, también va cambiando el entorno, hay un paisaje histórico urbano que se va transformando.

–Durante muchos años di clases, investigué y escribí sobre el teatro del siglo XX, el sainete, el grotesco, me fasciné. La historia de Las cocoliches la ubico por el sur, por donde crecía la ciudad. Mi abuela vivía en la Boca, en Avellaneda y también esas evocaciones me vienen de ahí. Está el cabaret, conozco por fotos lo que eran los bailongos de esos años. Después, las verdulerías del Abasto. Yo me acuerdo de los verduleros italianos de cuando era chica.

Nora Mazziotti ya publicó las novelas: La cordillera; Milonga perdida; Amores calabreses.

Nora Mazziotti ya publicó las novelas: La cordillera; Milonga perdida; Amores calabreses.

–Hay hijos con vínculos sospechosos, padres que no lo son, emerge la veta melodramática, la de la búsqueda de los orígenes…

–Me encantan las historias melodramáticas. Creo que siempre hubo amores clandestinos e hijos a los que se les atribuye un padre y no saben totalmente si lo eran o no. También padres que niegan a sus hijos, porque Donato (uno de los protagonistas de la novela) tiene hijos y no los reconoce, los desprecia. La pregunta por el origen, que está en melodrama, me la hago yo, no los personajes.

A Luisa la obligan a casarse con un tipo que detesta, que es además el amante de la madre. Pero ella ama a otro. Esos amoríos e infidelidades eran pequeñas revanchas de esas mujeres que tenían que seguir un deber ser. Ellas quiebran mucho el deber ser desde distintos lados. Luisa se enamora con el tipo que quiere por más que está casada por obligación; Aída se dedica al baile, se casa con un gay; y Amelia que es rica, se politiza, se vuelve comunista y vive otra vida.

–¿Cómo retratás la situación de la homosexualidad en ese contexto? ¿Cómo se expresaban esos amores en ese momento?

–Era muy difícil que dos hombres o dos mujeres pudieran besarse en público, sí en los cabarets, había una zona de vida oculta, muy pocos lugares donde expresarse. Este personaje lo oculta y lo vive con culpa y piensa que necesita un casamiento para blanquearse, para no ser condenado, pero es muy difícil y de hecho termina muy mal.

–Y dentro de ese contexto social, otro tema que aparece es el aborto…

–El aborto fue una práctica secreta llevada a cabo durante siglos. Mujeres con muchos hijos, mujeres enfermas, que no estaban casadas, el aborto era habitual y también muy riesgoso. Tenés el caso de Adelina, que fue violada por un primo, queda embarazada, aborta y, en consecuencia, queda con un problema y cuando quiere tener hijos ya no puede.

Hotel de inmigrantes, destino inmediato de los recién llegados al puerto de Buenos Aires. / Foto A.G.N

Hotel de inmigrantes, destino inmediato de los recién llegados al puerto de Buenos Aires. / Foto A.G.N

–¿Qué pasa con el clima político? ¿Amelia es apoyada en su militancia, es censurada? Su madre le escribe y le pide –desde Italia– que retome el papel femenino de cuidar y educar a sus hermanos…

–Amelia es la militante, su pareja es perseguida. La madre es ricachona, tiene criadas, jardinero, está loca y le dice vení a cumplir tu papel. Se estaban apartando de los roles que les correspondían, y son las tres madres las que se los marcan y se enfrentan con las hijas. Y ellas necesitan afirmarse, romper con la forma en que habían sido educadas, ven que no son felices, que tienen que obedecer mucho a los hombres.

–¿Cómo construiste y diferenciaste cada personaje, qué matiz le diste a cada mujer?

–Y, por ejemplo, Aída, que es medio feíta, renguita, descubre que le fascina bailar y trabajar de bailarina de tango: es una mina muy definida, muy decidida, le gusta vestirse bien. Las imaginaba en Italia miserables, viniendo de la más absoluta pobreza. Yo leí mucho folletín; leí y me fascinan Honoré de Balzac, Alejandro Dumas, Victor Hugo.

La novela de folletín me encanta, el famoso “retomemos”. Te dejaron inconclusa una historia de alguien que estaba colgado de un peñasco, y 30 páginas después te dice el narrador, “bueno, retomemos”; y te cuenta cómo se baja del peñasco. Yo lo fui escribiendo así, con cada una de estas mujeres. Fue muy placentero armarlo así.

Nora Mazziotti también ha estudiado la historia del teatro en la Argentina.

Nora Mazziotti también ha estudiado la historia del teatro en la Argentina.

–¿Dónde encaja este libro dentro de tu obra ensayística y narrativa? Cruza muchas cosas, además de lo familiar.

–Yo investigué teatro de principios de siglo XX, escribí mucho sobre eso, hice prólogos, antologías, y di clase. Pero para investigar me llamaba la atención la telenovela. Me fascinó el mundo de historias de mujeres, de las novelas, y también lo que era la industria en la Argentina, y la internacionalización y la circulación de títulos.

Hice un libro que me encantó hacer que fue el de las conversaciones con Alberto Migré, que es el mejor autor no sólo de la Argentina, me encantaba la manera en que sus telenovelas tenían éxito y eran vistas y amadas por la gente. Después dije “bueno, basta ya hice cuatro libros sobre telenovela, no sé cuántos libros de teatro, basta” y me puse a escribir ficción, en serio.

Las cocoliches. Nora Mazziotti (Milena Caserola; $1.840).

Las cocoliches. Nora Mazziotti (Milena Caserola; $1.840).

Mazziotti Básico

  • Es profesora de Letras. Dio cursos y seminarios de grado y de posgrado en varias universidades argentinas, de Brasil y de México. Se especializó en temas de teatro, ficción audiovisual, historia de los medios.
  • Es autora de: Soy como de la familia. Conversaciones de Nora Mazziotti con Alberto Migré; La industria de la telenovela. La producción de ficción en América Latina; Telenovela, industria y prácticas sociales.
  • Compiló los siguientes libros: Antología de comedias y sainetes argentinos; Poder, deseo y marginación. Aproximaciones a la obra de Griselda Gambaro; El espectáculo de la pasión. Las telenovelas latinoamericanas. En ficción publicó las novelas: La cordillera; Milonga perdida; Amores calabreses.

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