Chile, la botánica y las montañas, según Cristian Alarcón


«El tercer paraíso» se ganó el Premio Alfagura 2022. El periodista y escritor mezcla recuerdos de la infancia con la historia de su país.

“Crecí con mi madre repitiendo: esto es el fin del mundo. Cada evento trágico en la familia, el fin del mundo. En su jardín vuelan con el viento del valle todos los pétalos de sus rosas, el fin del mundo. Un hombre abandona a su mujer, el fin del mundo. Una mujer a un hombre, el fin del mundo. Su hijo mayor gay, el fin del mundo. Cae el Muro de Berlín, el fin del mundo”.

Esto escribe el narrador de El tercer paraíso, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2022, de Cristian Alarcón. Autor de títulos como Cuando me muera quiero que me toquen cumbia o Si me querés, quereme transa, Alarcón, referente ineludible de la crónica y el nuevo periodismo latinoamericano, indaga en esta oportunidad en la ficción para contar la historia de un hombre que recuerda su infancia en un pueblo de Chile –inspirado en el pueblo natal del autor– que debió dejar atrás junto a su familia con la irrupción de la dictadura de Pinochet.

Parte desde un presente en Argentina, durante la pandemia, un confinamiento que comparte con su hijo y lo lleva a volcarse de lleno a su jardín, en las afueras de Buenos Aires, donde cultiva plantas y flores de distintas especies.

"El tercer paraíso", de Cristian Alarcón (Alfaguara, $4.149).


«El tercer paraíso», de Cristian Alarcón (Alfaguara, $4.149).

El narrador, que según confiesa Alarcón es más erudito que él en cuestiones botánicas, recorre los jardines de sus antepasados y cuenta cómo va creciendo el suyo. “En el jardín está todo, y no lo podemos controlar”, dice el autor, que también incluye en su libro parte de los descubrimientos realizados por investigadores como Humboldt o Bonpland durante las expediciones europeas del siglo XVIII en el continente.

La historia de Chile se alterna con la de la botánica y los relatos biográficos para volver, literalmente y en el recuerdo, hasta esa geografía trasandina en la que para un chico ser gay era una enfermedad de la que debía curarse.

Las plantas y las flores siempre están presentes, ya desde los lejanos recuerdos de su abuela: “En su jardín Alba plantaba los pensamientos en los márgenes bajos, a la sombra de los rosales amarillos. Al final sembraba una mancha de margaritas blancas. Para Alba las reinas de todo aquello eran las dalias. Un cerco de dalias rojas, bordó y fucsias deslumbraba a los aldeanos que cada sábado y domingo antes de partir al cementerio le compraban sus ramos”.

PC

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