Alberto Fernández se aferra a los diputados rebeldes y manda un mensaje a los gobernadores



El Presidente, que en la conferencia de prensa que dio este sábado en París elogió la «gran idea» de su vice de aprobar la ley de primarias en 2009, se aferra a que el kirchnerismo encuentra varios escollos para avanzar con su eliminación.

En apenas un puñado de cosas Alberto Fernández se plantó -al menos en público- contra el kirchnerismo con la convicción que muestra desde hace unas semanas ante la insistencia para avanzar con la eliminación de las PASO. No lo dirá ante los micrófonos -ni tampoco en privado, frente a periodistas- pero a esta altura no hace falta: está claro que rechaza la posibilidad de avanzar con una reforma electoral a menos de nueve meses de la elección. Se tejieron muchas especulaciones respecto a los motivos, aunque prevalece la idea de que si se cierra la competencia interna su chance de ser reelecto por el Frente de Todos deja de ser remota para transformarse en una imposible, por la certeza de que Cristina Kirchner no lo volverá a ungir como candidato.

La novedad en esta novela tiene que ver con un planteo que hizo en las últimas horas, «harto» de que se hablara de las internas en medio de una gira internacional en la que fue recibido con honores por el francés Emmanuel Macron y ofició de mediador junto a él y al colombiano Gustavo Petro en la reanudación de las negociaciones entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición venezolana. «A mí nadie me vino a pedir por las PASO, no entiendo porqué se estira el debate», le respondió a un interlocutor que, según pudo saber Clarín, le trasladó la inquietud periodística.

El planteo del Presidente gira bajo la lógica de que lo que escucha en los medios de comunicación no condice con las conversaciones que tiene con dirigentes políticos. Por caso con los gobernadores. Fernández, siempre según cuentan en su entorno, “nunca” habló con los mandatarios provinciales sobre el tema, a pesar de lo que luego leyó en los diarios. “Ningún gobernador le fue a pedir la eliminación de las PASO. Ninguno”, enfatizan. «Los únicos que se lo plantearon fueron los intendentes, pero hace mucho, y él les dijo que debían convencer al resto porque no se puede hacer por decreto y necesitan los votos en el Congreso», completan.

Semanas atrás, cuando recién comenzaba el debate y los K no habían comenzado a empujar la iniciativa, trascendió lo contrario. Y nadie en la Casa Rosada se esforzó por desmentir la versión. Tampoco le prestaron demasiada importancia dado que hasta ese momento La Cámpora ensayaba una postura equidistante, previa a subirse a la presión pidiendo «discutirlo» puertas adentro del FdT.

Muchos creen que ese primer paso de las provincias fue orquestado por los K con el objetivo de instalar el tema sin costo alguno para el kirchnerismo duro. Algo de razón tienen en sospechar: el chaqueño Jorge Capitanich, un incondicional soldado de Cristina, se cargó en sus espaldas los primeros movimientos y el bonaerense Axel Kicillof lo secundó cuando parecía empezar a bajar la espuma.

Fernández no tiene claro si se trata de un doble juego con el kirchnerismo por parte de las provincias ó si realmente estuvieron interesados en eliminar las primarias, ya que el camino que optaron en sus provincias derriba el reclamo a la Casa Rosada: invocaron la reducción de costos y un supuesto hartazgo de la gente por ir a votar, cuando a nivel local la mayoría se inclina por el desdoblamiento de las elecciones provinciales. Esto último, está claro, más allá del planteo del Gobierno, que obedece a la necesidad de no cargar con una mochila tan pesada como puede implicar para los gobernadores peronistas nacionalizar las campañas en las que buscan ser reelectos ó imponer algún delfín. 

Hay otro punto que señalan en el entorno del Presidente y contempla una crítica abierta ante la insistencia por un proyecto que no forma parte de la agenda de la gente: «Tenemos que estar preocupados por mejorarle la vida a la gente, no hablar de candidaturas ni de estrategias. Falta mucho», repiten en línea con lo expuesto este sábado por el jefe de Estado, cuando indicó no saber «qué es lo que va a pasar de acá a un año» en materia económica, social y política en la Argentina.

El cálculo que hace Fernández junto a su equipo es que hay al menos “una decena” de diputados del bloque del Frente de Todos que “tiene la misma posición” en contra de la derogación de las PASO y que, de insistir, los sectores que impulsan la iniciativa pondrían en riesgo la unidad del Frente de Todos, necesaria “para que no vuelvan los que endeudaron a la Argentina». En esa lista ubican a los cinco legisladores de los movimientos sociales (dos del Evita, otros dos de la Corriente Clasista y Combativa y una de Barrios de Pie); dos de las provincias, como el entrerriano Marcelo Casaretto y el sindicalista tucumano Carlos Cisneros; y el porteño Leandro Santoro.

Este último es el único que por una cuestión de afinidad personal podría aceptar una eventual orden de Fernández para rever su decisión. «El resto no depende del Presidente», apuntan. A esa lista, precisan en el Gobierno, se sumarían «dos o tres más» llegado el caso que se abra el debate en Diputados, lo que, si se tiene en cuenta que el bloque del FdT cuenta con 118 diputados, torna imposible el número para conseguir los 129 votos necesarios para el quórum y la mayoría absoluta que prevé una reforma electoral.

Ni siquiera cuando, para aparentar masa crítica, el kirchnerismo señaló que el proyecto era de un opositor, en relación a que lo había presentado el bloque de Provincias Unidas, alineado con dos gobernadores aliados, el misionero Oscar Herrera Ahuad y la rionegrina Arabela Carreras, ariete del senador Alberto Weretilneck, un amigo personal de Sergio Massa. Casualidades de la vida llevaron, semanas atrás, a que justo las pretensiones del ministro de Economía de no empantanar la aprobación del Presupuesto 2023 en Diputados coincidieran con la decisión de Luis di Giácomo, uno de los firmantes, de postergar el ingreso del proyecto en mesa de entradas a pesar de haber adelantado que lo haría en 24 horas.

El último escollo -y acaso el más importante- que tiene el kirchnerismo es el factor Cristina. La ley de primarias se aprobó bajo su gobierno y por impulso de Néstor Kirchner. En consecuencia, la vice está ante la encerrona de querer hacer una reforma a una iniciativa por la que batalló mucho tiempo dentro del PJ. El esforzado elogio de Fernández, al señalar que las PASO fueron «una gran idea para abrir los partidos políticos y que no se conviertan en un lugar cerrado de los dirigentes», está enfocado en remarcar esas contradicciones. 

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