en las escritoras latinoamericanas, el terror y la fantasía reflejan la lucha cotidiana


En un artículo publicado en 1960 en The New York Times, el traductor y crítico José Vázquez Amaral informaba de «sorprendentes noticias literarias de México y Centroamérica»: las escritoras estaban «en marcha».

Entre las que estaban a la vanguardia, escribía, se encontraban Amparo Dávila y Guadalupe Dueñas, autoras mexicanas cuyos cuentos espeluznantes combinaban lo fantástico con lo cotidiano y desafiaban las limitaciones diarias impuestas a las mujeres de la época.

Antes de pasar a un «informe algo menos entusiasta» sobre el quehacer literario de los hombres, Vázquez señalaba que, gracias a las mujeres, en ningún otro período de la historia de América Latina habían «aparecido tantos buenos escritores de forma tan repentina y triunfal».

La escritora mexicana Amparo Dávila (1928-2020). Foto Vianey Lozada / Secretaría de Cultura de la CDMX / Gentileza


La escritora mexicana Amparo Dávila (1928-2020). Foto Vianey Lozada / Secretaría de Cultura de la CDMX / Gentileza

Seis décadas más tarde, la genealogía literaria de Dávila y Dueñas –para no hablar de la de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y José Eustasio Rivera– sigue viva. En México, Argentina, Ecuador y otros países, un número considerable de escritoras utilizan la fantasía, el terror y lo desconocido para inquietar a los lectores y criticar los males sociales. Los comités de premios, dentro y fuera de América Latina, están tomando nota.

«Es algo que vemos en toda la región, una nueva sensibilidad», dijo Carmen Alemany Bay, profesora de literatura de la Universidad de Alicante (España), que acuñó el término «narrativa de lo inusual» para describir la actual ola literaria de la región.

«Presentan situaciones en las que el lector es, en última instancia, quien decide qué es posible y qué no. Allí es donde radica la riqueza de esta literatura», señaló Alemany Bay.

Entre estas autoras «inusuales» se encuentran las escritoras mexicanas Cecilia Eudave y Daniela Tarazona –flamante Premio Sor Juana Inés de la Cruz–, la peruana Claudia Ulloa Donoso, la boliviana Giovanna Rivero y muchas más. Sus relatos y técnicas son diversos: algunas piezas son sencillamente extrañas, como la colección de cuentos oníricos de Ulloa (2021), Pajarito.

Otras se adentran más en la fantasía, mezclándose con los modos tradicionales del terror gótico: en la monumental Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, que se publicará en febrero en Hogarth, un médium enfermo que puede comunicarse con los muertos intenta proteger a su hijo de una oscuridad insaciable.

"Nuestra parte de noche", de Mariana Enriquez, fue Premio Herralde de Novela en 2019.


«Nuestra parte de noche», de Mariana Enriquez, fue Premio Herralde de Novela en 2019.

No es casual

Que las escritoras, en particular, sean las que recorren los rincones más sombríos de la ficción latinoamericana actual quizá no sea una sorpresa, en tanto cobra fuerza una ola de irritación ante las restricciones a los derechos de las mujeres y el aumento de la violencia de género. En toda la región, los movimientos de protesta impulsados por mujeres se han convertido en elementos del paisaje político en los últimos años.

Pero estas historias tienen más en común que una misteriosa coincidencia y golpes en la noche, dijo Alemany Bay. La «narrativa de lo insólito» suele tener conciencia social, explora la femineidad de forma íntima y poco convencional y cuestiona el carácter de nuestras relaciones personales más estrechas, explicó.

Las representaciones de la vida normal no pretenden acentuar el efecto de lo fantástico o sobrenatural; en cambio, lo irreal se utiliza para agudizar la visión de los lectores sobre lo que es verdadero.

La escritora Mariana Enriquez.


La escritora Mariana Enriquez.

«Muchas de estas obras actuales que se salen de los límites de la realidad se denominan ‘realismo mágico’, especialmente cuando proceden de América Latina. Pero eso es un gran, gran error», dijo Alemany Bay. «Puede que contengan elementos de magia, pero no se basan en eso».

De hecho, el reciente éxito de estas autoras ya ha ampliado lo que se considera gran literatura latinoamericana, en la que el «boom» de los años 60 y 70 puso en primer plano a realistas mágicos como Gabriel García Márquez.

Después de ganar premios en España y América Latina, tanto la colección de cuentos de Samanta Schweblin Siete casas vacías, como Mandíbula de Mónica Ojeda, fueron seleccionadas como finalistas para el National Book Award de literatura traducida. La argentina se alzó con la distinción el 16 de noviembre.

“Siete casas vacías”, de la escritora argentina Samanta Schweblin, ganó el Premio Nacional del Libro en la categoría de obras traducidas. Foto Chang W. Lee/The New York Times / NYT


“Siete casas vacías”, de la escritora argentina Samanta Schweblin, ganó el Premio Nacional del Libro en la categoría de obras traducidas. Foto Chang W. Lee/The New York Times / NYT

Siete casas vacías es menos pura fantasía que la anterior colección de Schweblin, Pájaros en la boca​. Pero sus historias son igualmente inquietantes. Escrito mientras Schweblin estaba en proceso de mudarse, primero temporalmente y luego a largo plazo, de Argentina a Berlín, el libro transmite una sensación de desplazamiento: una mujer de edad avanzada hace las valijas, una joven se va con un desconocido, una madre y una hija se cuelan en las casas de los ricos y reorganizan los muebles.

A lo largo de todo el libro, Schweblin parece estar decidida a romper el sentido de permanencia de sus lectores. «La idea era estirar el realismo todo lo posible, para que todo pudiera suceder, pero que, sin embargo, la sensación de extrañeza fuera muy fuerte», explicó la escritora. «Me gusta ver dónde cruzar los límites causa dolor y dónde resulta que esos límites son arbitrarios».

Para Samanta, nuestra fascinación como sociedad por las historias de terror refleja una pérdida: una conexión menguante con los momentos «sublimes» del arte y la vida que «desarman todo lo que llevamos dentro», dijo. «Nos queda el terror como herramienta para esa conexión».

La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.


La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.

La obra de Schweblin, además de misteriosa, está impregnada de crítica social: en Siete casas vacías, los prejuicios y las diferencias de clase están en primer plano. Su novela nominada al Man Booker en 2017, Fever Dream (Distancia de rescate), ofrecía una perspectiva literaria sobre la fumigación de cultivos con glifosato, un pesticida vinculado a defectos de nacimiento en las zonas de cultivo de soja de Argentina, como Aviá Teraí, una ciudad cercana a la frontera del país con Paraguay.

«La literatura es sumamente política, pero es una política que funciona mejor cuando llega a espacios a donde no puede llegar ninguna otra política, un espacio más delicado que no requiere la precisión de decir: ‘Muy bien, vamos a hablar del glifosato porque alguien tiene que hacerlo'», dijo Schweblin.

Fiel a su estilo, el comentario social en Distancia de rescate se ubica a caballo entre lo fantástico y lo cotidiano, escrito enteramente como un diálogo entre una mujer moribunda y un niño que podría ser real o imaginario.

La escritora mexicana Daniela Tarazona obtuvo este año el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Foto Prensa FIL Guadalajara


La escritora mexicana Daniela Tarazona obtuvo este año el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Foto Prensa FIL Guadalajara

En una línea similar, Mandíbula de Ojeda, que se centra en el secuestro de una joven por un profesor obsesivo, utiliza el terror para explorar las angustias de la adolescencia y la femineidad en el Ecuador moderno. «Siempre relacionamos el miedo con la fealdad, pero creo que sobre todo está ligado a la belleza», dijo Ojeda. «El mayor miedo que podemos experimentar es la pérdida de la belleza. Me pareció natural pensar en la adolescencia desde esa perspectiva».

Como Dueñas y Dávila antes que ellas, Ojeda y otras escritoras contemporáneas de América Latina utilizan diferentes medios para enfrentarse a las realidades, a menudo tensas, de las mujeres de la región. Pero su forma de feminismo representa una «evolución» de la escritura del siglo pasado, dijo Alemany Bay.

«Escritoras como Dávila incorporaron el mundo interior, el mundo de la pesadilla, el mundo de la locura. Y esa psicología interior puede ser característica de la escritura femenina», dijo Alemany Bay. «Las escritoras actuales también incorporan ese mundo interior, pero ahora están en un lugar distinto, en el que ya no tienen que reivindicar el hecho de ser mujeres. Así que, en ese sentido, creo que hay un paso adelante».

"Siete casas vacías", de Samanta Schweblin.


«Siete casas vacías», de Samanta Schweblin.

En el caso de Schweblin, comprender plenamente esa forma más personal de feminismo le llevó tiempo. «En Pájaros en la boca, están presentes todos los temas que preocuparon al feminismo en los últimos diez años pero escritos con la ingenuidad de alguien que tenía 18 años», dijo. «Así que no estoy segura de que fuera feminista, pero había exigencia, había rabia».

Sin embargo, reconocer esas realidades puede ser perturbador. Schweblin contó que, cuando se mudó por primera vez a Berlín, no entendía por qué la llenaba de felicidad volver a casa en bicicleta sola por la noche sin preocuparse por las consecuencias. Sus amigos no entendían por qué les enviaba mensajes de texto después de llegar tarde a su casa.

«Nadie me contestaba y tardé un tiempo en darme cuenta de lo que realmente les estaba diciendo: ‘He llegado a casa con vida'», dijo Schweblin.

En Argentina, el año pasado se registraron 251 femicidios, según cifras oficiales. En México, la cifra fue de 1.004. En Brujas, publicado en agosto por Catapult, la autora mexicana Brenda Lozano utilizó el espacio entre lo real y lo irreal para explorar «diferentes niveles» de violencia contra las mujeres, desde las expectativas sobre los roles de género hasta el abuso y el femicidio.

La «bruja» de la novela de Lozano cuestiona las presunciones sobre lo que se supone deben ser las mujeres, dijo, utilizando el lenguaje (y hongos silvestres) para curar a los enfermos de un modo que la medicina moderna no puede.

«Mi superhéroe sería una mujer capaz de hacer cualquier cosa sólo con sus palabras: cambiar cualquier relato, como un poema imposible que lo ve todo», dijo Lozano. «Quizá eso sólo sea posible con la ficción».

©The New York Times

Traducción: Elisa Carnelli

PC

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