Annie Ernaux advierte sobre el avance de la ideología de la exclusión y el abandono


Dio una conferencia en Estocolmo, donde recibirá el Premio Nobel de Literatura. La escritora francesa de 82 años considera la escritura como un acto político.

La nueva Nobel de Literatura, Annie Ernaux, advirtió contra el aumento en Europa de una ideología “de repliegue y de cierre”, basada en la exclusión de los inmigrantes, el abandono de los más desfavorecidos y la vigilancia del cuerpo de las mujeres.

La escritora francesa de 82 años considera la escritura como un acto político y, en su discurso de aceptación del Nobel, entrelazó retazos de su visión del mundo con recuerdos de por qué empezó a escribir y de la misión de la literatura, que para Ernaux es “un lugar de emancipación”.

Lograr el Nobel no lo consideró “una victoria individual” sino en cierta manera, un victoria colectiva” y por eso quiso ese orgullo.

Y lo hizo con “quienes desean más libertad, igualdad y dignidad para todos los seres humanos, independientemente de su sexo o género, del color de su piel y de su cultura”, con quienes “piensan en las generaciones futuras” y en salvaguardar “una Tierra a la que el ansia de beneficio de unos pocos hacen cada vez menos habitable”.

La escritora francesa Annie Ernaux, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022, sostiene una silla que firmó en el Museo del Premio Nobel en Estocolmo. Foto de Jessica GOW / AFP


La escritora francesa Annie Ernaux, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2022, sostiene una silla que firmó en el Museo del Premio Nobel en Estocolmo. Foto de Jessica GOW / AFP

Literatura comprometida

Ernaux ha hecho de su literatura un compromiso con la defensa de los derechos de los más desfavorecidos y de las mujeres, a los que recordó en todo su discurso.

También citó la guerra en Ucrania y al presidente ruso, Vladimir Putin, aunque sin nombrarlos, al referirse al dictador a la cabeza de Rusia, quien lleva a cabo una guerra imperialista.

La violencia de ese conflicto oculta aún en Europa el aumento de una ideología de repliegue y de cierre que no para de ganar terreno en países de Europa hasta aquí democráticos.

Una ideología fundada en la exclusión de los extranjeros e inmigrantes, el abandono de los económicamente débiles, la vigilancia del cuerpo de las mujeres, esta ideología me impone a mí, como a aquellos para los que el valor de un ser humano es siempre y en todas partes el mismo, un deber de vigilancia extrema.

Ernaux ha hecho de su literatura un compromiso con la defensa de los derechos de los más desfavorecidos y de las mujeres, a los que recordó en todo su discurso. Foto Fredrik Persson/ AP


Ernaux ha hecho de su literatura un compromiso con la defensa de los derechos de los más desfavorecidos y de las mujeres, a los que recordó en todo su discurso. Foto Fredrik Persson/ AP

Además, consideró que el peso de salvar el planeta, destruido en gran parte por el apetito de los poderes económicos, no debe recaer, como es de temer, sobre los que ya están desamparados. El silencio, en determinados momentos de la Historia, no es apropiado.

La nobel empezó su discurso buscando una frase que le diera “la libertad y la firmeza para hablar sin temblar” y escogió una escrita hace sesenta años en su diario íntimo: “Escribiré para vengar mi raza”.

Una promesa que atraviesa toda su producción y su vida: de niña, de familia humilde -sus padres eran tenderos en Normandía- hasta la Universidad, lo que le abrió las puertas de la burguesía. Un recorrido que le ha conferido un sentimiento de tránsfuga de clase social.

La muerte de su padre, sobre quien trata El lugar (1983), un nuevo puesto de profesora y los movimientos mundiales de contestación, devolvieron a Ernaux la necesidad de la escritura, de la que se había alejado en una sociedad “donde los roles se definían en función del sexo”.

La nobel empezó su discurso buscando una frase que le diera “la libertad y la firmeza para hablar sin temblar” y escogió una escrita hace sesenta años en su diario íntimo: “Escribiré para vengar mi raza”. Foto EFE/EPA/Tim Aro


La nobel empezó su discurso buscando una frase que le diera “la libertad y la firmeza para hablar sin temblar” y escogió una escrita hace sesenta años en su diario íntimo: “Escribiré para vengar mi raza”. Foto EFE/EPA/Tim Aro

Un retorno para ahondar en lo indecible de una memoria reprimida y sacar a la luz la forma de ser de mi pueblo. Escribir para comprender las razones, dentro y fuera de mí, que me habían alejado de mis orígenes».

Su primer libro, aún en tono de ficción fue Los armarios vacíos (1974), sobre el aborto clandestino que sufrió en su juventud, un tema al que volvería de forma autobiográfica en El acontecimiento (2000).

En aquel primer libro definió el ámbito en el que situaría su escritura y que era a la vez social y feminista. “La venganza por mi raza y la venganza por mi sexo se convertirían desde entonces en una”.

El compromiso de la nueva nobel con la escritura es hacerla desde su experiencia de “mujer e inmigrante del interior” con la certeza de que un libro “puede contribuir a cambiar la vida personal, a romper la soledad de la cosas sufridas y enterradas, a pensar de otra manera”. Foto Anders Wiklund via REUTERS


El compromiso de la nueva nobel con la escritura es hacerla desde su experiencia de “mujer e inmigrante del interior” con la certeza de que un libro “puede contribuir a cambiar la vida personal, a romper la soledad de la cosas sufridas y enterradas, a pensar de otra manera”. Foto Anders Wiklund via REUTERS

El compromiso de la nueva nobel con la escritura es hacerla desde su experiencia de “mujer e inmigrante del interior” con la certeza de que un libro “puede contribuir a cambiar la vida personal, a romper la soledad de la cosas sufridas y enterradas, a pensar de otra manera”.

Y es que, “cuando lo indecible sale a la luz, es político” y se ve hoy “con la revuelta de esas mujeres que han encontrado las palabras para desbaratar el poder masculino y se han alzado, como en Irán, contra su forma más arcaica”.

Ernaux deseó que el Nobel sea una señal de esperanza para todas la escritoras, pues “hay hombres en el mundo, incluso en los círculos intelectuales occidentales, para quienes los libros escritos por mujeres simplemente no existen”.

EFE. Desde Estocolmo

PC

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