«Salir del clóset es un primer éxodo»


La tapa del nuevo libro de Silvina Giaganti, Donde brilla el tibio sol (Mansalva, 2022) está ilustrada con una fotografía de la autora en plano medio, con las manos en los bolsillos de una campera del equipo de fútbol con el que se identifica: Independiente, uno de los dos clubes grandes representativos de su lugar de origen, Avellaneda, en el sur del Gran Buenos Aires. Vuelve a la autobiografía, género que ya exploró en el aclamado poemario Tarda en apagarse (Caleta Olivia, 2017) pero esta vez lo hace en forma de relatos.

“El regreso al medio del que uno viene –y del que uno salió, en todos los sentidos del término– siempre es un regreso sobre sí mismo y un regreso a sí mismo, un reencuentro con uno mismo que se ha conservado tanto como se ha negado”.

Este fragmento pertenece al epígrafe elegido por Giaganti para abrir su libro y fue tomado de Regreso a Reims, del sociólogo y filósofo francés Didier Eribon, obra a la que se referirá en extenso a lo largo de la entrevista con Clarín Cultura.

"Donde brilla el tibio sol", de Silvina Giaganti (Mansalva, $2.480).


«Donde brilla el tibio sol», de Silvina Giaganti (Mansalva, $2.480).

Regreso a Reims influenció mucho a Donde brilla el tibio sol, pero paradójicamente lo leí después de escribirlo”, dice Giaganti. “Yo había leído a Eribon hace muchísimos años, lo descubrí por ese libro gigante que es Reflexiones sobre la cuestión gay, y después no volví a leerlo. Sin embargo, en estos últimos años mucha gente me lo recomendaba. Y a pesar de haberlo escrito antes para mí es un libro que está fuertemente influenciado. Por todo lo que Regreso… implica: esta idea de pertenecer a dos mundos tan distintos que parecen irreconciliables y que en ningún momento se pueden cruzar, esta idea de que uno siempre como individuo está metido en algún tipo de clóset”.

Dice también la autora que Eribon en su libro anterior “tematiza mucho sobre la gaycidad y la literatura gay, el clóset sexual y la vergüenza”, y en el siguiente, escrito una década y media después, habla de otro tipo de vergüenza, que le fue más difícil de asumir y de escribir: la social.

“Él se considera un tránsfuga de clase”, cree Giaganti. “Porque para vivir libremente su sexualidad y sus búsquedas intelectuales tuvo que romper necesariamente con su origen y con todos esos determinismos culturales que un origen impone. Pero a su vez, cuando empieza a vincularse culturalmente con gente de otro origen social de alguna manera tiene que disimular el suyo, hacer una perfo que no le es propia”.

Y agrega que en Donde brilla el tibio sol “hay algo de eso, de pertenecer a mundos irreconciliables, y de aprendizaje. Están estos dos mundos de los que habla el epígrafe: el familiar de Eribon, rústico, precario, con un recorrido asignado que lleva a estudiar educación básica, ir a la fábrica, casarse con la chica del pueblo y que eso fuese más o menos reflejo de una vida; y otro que contempla sus estudios en París, con una formación académica que por clase o por origen es impensada, o al menos no naturalmente destinada”.

Silvina Giaganti: "En 'Donde brilla el tibio sol', hay algo de eso, de pertenecer a mundos irreconciliables, y de aprendizaje". Fotos Gentileza de la autora


Silvina Giaganti: «En ‘Donde brilla el tibio sol’, hay algo de eso, de pertenecer a mundos irreconciliables, y de aprendizaje». Fotos Gentileza de la autora

En el libro Giaganti habla de su nacimiento, infancia y adolescencia en Avellaneda, de donde luego se fue para estudiar Filosofía en la UBA, trabajar y vivir en la Capital. “Avellaneda soy yo”, se titula el último relato, en el que cita algunos versos del tango El corazón al sur, de Eladia Blázquez.

También, y muy especialmente, habla de su relación con el club de sus amores, aunque mientras cuenta cuándo fue que usó el equipo de fútbol por primera vez o cuáles fueron los goles que más gritó despliega otro juego en paralelo: la narración de su recorrido emocional.

“Si estoy taciturna me voy a la escritura y si necesito llorar me voy a Independiente”, es una de las frases con la que cierra uno de sus relatos. “Ya lo dijo Richard Ford, la vida se nos da vacía, hay que inventar la parte feliz”, es otra.

Los inicios

“El proceso de escritura de este libro empieza teniendo como tema a Independiente y mi aprecio por el fútbol, tanto verlo como jugarlo”, cuenta Giaganti.

“En forma casi inmediata empezaron a congregarse los personajes indispensables para construir este relato. El tema podría haber sido Independiente y partidos de fútbol inolvidables; Independiente y mi primera infancia; cómo me hice hincha; Independiente en mi adultez; Independiente hoy; cómo me vinculo con mi club de fútbol… Pero este libro es Independiente y mi padre, Independiente y Avellaneda, independiente y una hija y un padre que no son del mismo club de fútbol y sin embargo comparten el fútbol casi como lo único… con mi padre el fútbol es casi lo único que compartimos”.

Silvina Giaganti: "Yo quería narrar también ese amor por el fútbol que no encaja perfecto". Fotos Gentileza de la autora


Silvina Giaganti: «Yo quería narrar también ese amor por el fútbol que no encaja perfecto». Fotos Gentileza de la autora

La autora y su padre son hinchas de distintos equipos y eso, según dice, “es raro”. Sostiene que en la literatura sobre fútbol escrita por varones un tópico recurrente suele ser el amor que se profesan un padre y un hijo “en ese espacio de pasión”: el llanto compartido cuando el equipo pierde o ser felices al unísono si gana. 

«Acá había una cosa familiar como medio torcida. Yo quería narrar también ese amor por el fútbol que no encaja perfecto. Eso sucedería si fuésemos hinchas del mismo club”.

–Que en tu caso se llama Independiente. ¿Independiente también del club de tu padre?

–No quise escribir el típico relato futbolero del hijo que va a la cancha con el padre y se abrazan en el gol. Yo no me abrazaba con mi viejo en el gol porque no coincidían nuestros clubes, entonces no me podía abrazar. Y a su vez había amor, porque él fue el que fomentó, habilitó y escuchó ese gusto mío por el fútbol.

En el libro cuento que según un relato familiar, él podría haber sido de Independiente pero por una promesa de acceder a una bicicleta se cambió de club. Él sin embargo lo niega, pero sus hermanos que en ese momento estaban vivos contaban esa anécdota como si fuese totalmente verídica. Mi papá me decía ‘no les creas’.

Silvina Giaganti: "Este es un libro sobre estar obligada a romper con el deber ser". Fotos Gentileza de la autora


Silvina Giaganti: «Este es un libro sobre estar obligada a romper con el deber ser». Fotos Gentileza de la autora

–¿Será que el abrazo de gol es otro de los mandatos de “lo que debe ser” entre padres e hijos?

–Este es un libro sobre estar obligada a romper con el deber ser. No sobre tener ganas: sobre la obligación. Hago un paralelismo raro: así como yo no decidí ser de Independiente –no recuerdo que haya existido una decisión de esas que involucran una reflexión y un listado de pasos a seguir– tampoco decidí ser lesbiana. No puedo hacerme cargo de ninguna de las dos cosas.

Me encantan las dos pero no lo decidí ni lo busqué. Eribon se ve obligado a querer salir de campesino e ir a estudiar a París y hacerse de una educación universitaria, desconocida, lejana y sin acceso para su familia, con lo cual los esfuerzos tuvieron que ser mucho mayores que los de un muchacho con una familia habituada a lo profesional, los consumos culturales y la solvencia para poder pagarlos.

A romper y salir de ese pueblo precario, cerrado y brutal con las disidencias. De alguna manera este libro es acerca de eso: romper como una obligación.

–¿Y también es un libro acerca de tu relación con el fútbol?

–Mi mamá en un determinado momento empezó a ver complicado que yo jugara al fútbol. Hasta cierta edad fue simpático, pero después empezaron los cuestionamientos, las caras raras.

En esa época, hace algo más de treinta años, no estaba desarrollado el fútbol de mujeres en Argentina, era bastante contradictorio ver a una mujer en fútbol porque además estaba esa idea horrible de que si te gustaba el fútbol –jugarlo o mirarlo– no eras mujer, no podías comprender el juego en su ejecución ni en su observación.

–En un momento del libro decís que “para crecer hay que traicionar”. ¿Traicionar a qué o a quién?

–Creo que todo movimiento vital que involucra un cambio implica también dejar algo atrás. Y esto implica una traición. No siempre lo que se deja atrás es territorial o geográfico, yo no me alejé de mi familia el día en que me fui a vivir sola, a los veinte años. La dejé atrás mucho antes: en un proceso en el que me interesé por cosas que ellos no se interesaban.

Cuando empecé a estudiar filosofía la distancia se amplió aún más, porque los temas de conversación y los intereses pasaron a ser cada vez más lejanos. Esto en un punto se vive como traición, o al menos yo lo viví así, porque parece haber una fantasía de que una al interesarse por un mundo por el que sus padres no solo no se interesaron, sino que tampoco tuvieron acceso a él, parece estar dándoles la espalda.

Tengo además una elección sexual que no es la de ellos. Intereses y curiosidades por cuestiones que no son temas por los que ellos sienten curiosidad. Es muy difícil no sentirlo como una traición a ese origen, a ese suelo común, porque una hace un éxodo. Salir del clóset es un primer éxodo.

–¿Y pensaste en algún momento en volver para atrás?

–No se puede nunca volver para atrás, es imposible. ¿Dejar de leer, ser heterosexual? De ninguna manera. Siempre tuve la necesidad de no tener condicionamientos en cuanto a mis deseos. Entre mi libertad y los condicionamientos familiares; entre mi libertad y los condicionamientos vinculares, elijo mi libertad. Aun a riesgo de quedarme sola.

PC

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