Príncipe Harry, el «repuesto» que quiere ser feliz


Quienes afirmen que el Príncipe Harry denuesta a padre, hermano, abuelos y familia en su libro y pone en marcha “su venganza” no se ha leído las 651 páginas del volumen que el viernes 13 de enero llegó a todas las librerías argentinas.

Las referencias críticas del autor respecto al actual Rey Charles III y al Príncipe de Gales, entre otros, sobre todo en lo referido a los cuestionamientos a su esposa Meghan Markle, y sus alusiones a la corona como institución ocupan el último tercio del libro.

Si pudiera resumirse las memorias de Harry en una frase sería apropiado el título de un bestseller de un reconocido psicoanalista que en Argentina leímos a mediados de los años 80: “El hombre en busca de sí mismo”.

Meghan y Harry. Fto Reuters/ Andrew Kelly


Meghan y Harry. Fto Reuters/ Andrew Kelly

Publicado el último martes en 13 idiomas en todo el mundo, con el desliz que lo puso antes a la venta en España, en las primeras 48 horas –y a pesar de las críticas negativas de varios medios– las memorias del duque de Sussex agotaron 1,4 millón de ejemplares en el Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, en sus formatos físico, digital y audio. Según Penguin Random House no hay precedente para un libro de este género publicado por esa casa.

En Argentina la distribución se inició recién el viernes y el grupo editorial a nivel local prefirió no enviar ejemplares anticipados a ningún librero.

En la sombra es un libro muy bien escrito, con un ritmo dinámico que reconstruye la vida de Harry a partir de sus recuerdos que, en el primer tercio del libro, parecen narrados por el niño que a los 12 años perdió a la persona que más lo amaba y a quien él más quería: su madre.

William y Harry, hermanos que no se llevan bien. Foto AP/ Martin Meissner


William y Harry, hermanos que no se llevan bien. Foto AP/ Martin Meissner

El atractivo pulso narrativo es mérito del ahora no tan escritor fantasma J.R. Moehringer, que tiene en su haber otros éxitos editoriales como la biografía del ex tenista Andre Agassi y las memorias de Phil Knight, fundador de Nike. De su puño y letra es su propia biografía, The tender bar, adaptado en 2021 al cine por el director y actor Ben Affleck.

Está claro, al leer el libro, que Moehringer habita la piel de Harry y respira a su ritmo. Y aunque piensa en tercera persona, escribe en primera como si se tratara de un juego de espejos, lo que contribuye a darle al libro una dinámica atrapante. Frente a la crítica adversa que diseccionó el libro a conveniencia, Moehringer defendió el contenido del libro.

A poco de comenzar la lectura, Harry hace una aclaración honesta:

«Paisajes, geografía, arquitectura: así funciona mi memoria. ¿Fechas? Lo siento, tendré que consultarlo. ¿Conversaciones? Haré lo que pueda, pero no contéis con citas textuales, sobre todo en lo tocante a la década de 1990. (…) ¿Por qué organiza mi memoria la experiencia de esta manera? ¿Será algo genético? ¿Un trauma? (…) Sea cual fuere la causa, mi memoria es mi memoria, va a su aire y recoge y ordena lo que le parece oportuno, y hay tanta verdad en lo que recuerdo y cómo lo recuerdo como en los llamados hechos objetivos.”

Digamos que algo parecido dijo Gabriel García Márquez cuando publicó el primer tomo de sus memorias: “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Y aunque aquella frase de Gabo pareció en su momento una picardía, la ciencia ha comprobado que el cerebro edita continuamente los recuerdos.

De modo que es probable que los recuerdos de Harry no coincidan con los de su hermano William. Pasa en todas las familias y hasta es motivo de acaloradas discusiones entre hermanos.

Lady Di, Harry, William y Carlos. Foto AP


Lady Di, Harry, William y Carlos. Foto AP

En el inicio, Lady Di

En la sombra comienza, como no podía ser de otro modo, con la muerte de Diana de Gales. Más allá de las miles de crónicas publicadas al respecto y siempre con el ojo puesto en “su archienemiga” la prensa sensacionalista, el hijo menor de Carlos III cuenta la forma en que la trágica muerte de su madre rompió su infancia y lo bloqueó durante muchos años (casi dos décadas) hasta que decidió buscar ayuda terapéutica.

No se guarda nada el duque de Sussex. Puede que haya suavizado algunos recuerdos ríspidos, pero incluso los hechos más “cuestionables” de juventud, como el consumo de drogas y alcohol, o el uniforme nazi que eligió para una fiesta de disfraces o las fotos con la cola al aire jugando borracho al billar en Las Vegas con amigos, todo empequeñece como “escándalo” cuando se llega a las páginas de su desempeño en Afganistán, el durísimo entrenamiento que superó –como miles de soldados británicos que fueron a la guerra– y la vocación que demostró en batalla; como también más adelante, cuando ya fuera de Afganistán, creó su proyecto Invictus Games. Se trata de una iniciativa formidable a través de la cual soldados que han quedado discapacitados por la guerra reencauzan sus vidas a través del deporte.

El Príncipe Harry de patrulla por la ciudad desierta de Garmisir el 2 de enero de 2008, en el sur de Afganistán. Foto John Stillwell, vía AP


El Príncipe Harry de patrulla por la ciudad desierta de Garmisir el 2 de enero de 2008, en el sur de Afganistán. Foto John Stillwell, vía AP

Ya desde la frase de William Faulkner con la que el libro abre –“El pasado nunca está muerto. No es ni siquiera pasado”– el lector atravesará las páginas con el fantasma de Diana siempre presente.

Hasta la llegada de Meghan Markle a su vida, Harry deja claro que el único amor genuino y protector que conoció fue el de su madre.

No surge del libro, como han destacado algunos medios británicos, un tufillo resentido por ser “el repuesto” (“Spare”, el título en inglés), como se llama en los círculos reales y aristocráticos al segundo hijo, en caso de que algo le suceda al primogénito, heredero de títulos, poder y fortuna.

Su machacona crítica a la prensa amarilla es quizá uno de los puntos menos atractivos del libro. La prensa británica ha sido despiadada con los duques de Sussex y se ha comportado de manera reprochable tanto con Diana de Gales como con Meghan Markle, pero para ser amo de su destino y capitán de su alma, como reza el poema Invictus, de William Heley (el favorito de Nelson Mandela), es necesario aprender a gestionar las adversidades.

"En la sombra", las memorias del Príncipe Harry (Plaza & Janés, $8.599 papel; $4.049 audiolibro; $1.639 ebook).


«En la sombra», las memorias del Príncipe Harry (Plaza & Janés, $8.599 papel; $4.049 audiolibro; $1.639 ebook).

El príncipe infeliz

Cuando se refiere a sí mismo como “el repuesto”, el autor utiliza un tono irónico y pone las cosas en un contexto que se pueda entender. Harry abre las puertas de su vida y comparte sus tribulaciones, sus miedos, su desesperación, sus pensamientos más disparatados, su consumo de drogas y alcohol que lo acompañó muchas veces, pero también lleva al lector de la mano hacia vivencias que lo hicieron feliz: Africa, por ejemplo, los amigos leales que hizo en ese continente, y su amor por la naturaleza en estado salvaje.

Habla de sí mismo y también habla de la monarquía, a la que alude como una jaula de oro en la que trató de encajar y no pudo, desde aquel aciago 31 de agosto de 1997 en que su madre murió. Se lee sincero en su amor por su padre y su hermano, a pesar del ostracismo al que lo condenaron cuando decidió, junto a su mujer Megan, alejarse del Reino Unido y le fueron retiradas todas las obligaciones y privilegios reales.

No denuesta a su disfuncional familia, pero habla sin ambages de las jugadas mezquinas de los cortesanos que, en buena medida, dan forma a las decisiones que toma la monarquía.

El funeral de Lady Di en 1997.


El funeral de Lady Di en 1997.

Harry sorprende cuando se refiere a Camilla Parker Bowles.

Lo hace con respeto pero se infiere de su descripción, en algún momento lapidaria, que desde su punto de vista, Camilla es como la mano que mece la cuna.

No solo alude a la influencia que ejerce sobre determinadas decisiones de Carlos, sino que desliza que ha sido –en relación con Meghan– una de las fuentes de las filtraciones negativas con el solo objetivo de “distraer” las crónicas adversas sobre su persona. Esto no es cotilleo de revista de coiffeur. Es una descripción concreta de cómo funciona una institución anacrónica para sobrevivir durante casi cinco siglos.

El duque de Sussex se cuida a lo largo del libro de mantener fuera de toda crítica a su abuela, la recientemente fallecida Isabel II, y deja claro su amor, su respeto y su admiración por ella.

La portada del periódico británico The Sun el jueves 13 de enero de 2005, que muestra al príncipe Harry de Gran Bretaña con un cigarrillo y una bebida en la mano, con una esvástica brazalete en una fiesta de disfraces. Foto AP


La portada del periódico británico The Sun el jueves 13 de enero de 2005, que muestra al príncipe Harry de Gran Bretaña con un cigarrillo y una bebida en la mano, con una esvástica brazalete en una fiesta de disfraces. Foto AP

Las páginas dedicadas a su desempeño militar en Afganistán son atrapantes. Desde su duro entrenamiento militar para ser parte del Ejército, relatadas desde la mirada de un joven que se vuelve adulto a medida que los horrores de la guerra lo endurecen, hasta su fuerte necesidad de “pertenecer” a la fuerza que integra. Quizá porque nunca encontró su lugar en la familia real.

El vapuleado –a conveniencia de la prensa amarilla– asunto de los 25 talibanes que mató como soldado en la guerra en Afganistán y el dislate de un pedido de juzgamiento al duque de Sussex por supuestos crímenes de guerra tiene un contexto bien distinto que las crónicas sensacionalistas han omitido. ¿Habrá sido intencionado?

“La de Afganistán fue una guerra de errores, de enormes daños colaterales –dice el Príncipe Harry–; miles de inocentes muertos y mutilados era algo que nos quitaba el sueño. De manera que mi propósito, desde el primer día, fue nunca acostarme con la duda de si había hecho lo correcto, de si mis objetivos habían sido los adecuados, de si había disparado a talibanes y solo a talibanes, sin civiles en las inmediaciones (…)”.

Seguidamente subraya que, como militar, siempre llevó la cuenta exacta de “a cuántos combatientes enemigos había matado” y que le parecía esencial “no tener miedo a esa cifra. Entre las muchas cosas que aprendí en las Fueras Armadas, una de las más importantes fue rendir cuenta de mis propios actos. Así pues, mi número: veinticinco”. Claro, no?

La Reina Isabel y el Príncipe Harry en 2005. Foto AP


La Reina Isabel y el Príncipe Harry en 2005. Foto AP

Posteriormente a su etapa en Afganistán encontró una nueva meta: dedicarse a participar activamente en las organizaciones de soldados que han sobrevivido al horror de aquella guerra y que acometen desafíos como llegar al Polo Norte y al Polo Sur, aún con las discapacidades que les dejó la guerra, iniciativas que el autor también vivió junto a ellos.

Y regresó una y otra vez a Botsuana, uno de sus más amados lugares en el mundo, para visibilizar otras causas sociales.

¿Cuál es valor del libro? El valor que tienen las memorias.

Los detalles inéditos, la búsqueda de sentido a la vida que le tocó como destino y su empeño en elegir cómo vivir, la larga confesión de sus desaciertos y de sus miedos, los obstáculos que venció para formar una familia, la cotidianeidad de la vida que construyó junto a Meghan y sus pequeños hijos Archie y Lilibeth, las razones del distanciamiento afectivo con su hermano a quien adora y las profundas razones que lo apartaron de la monarquía.

El capítulo que destina a narrar su salida de la monarquía, luego de los pensamientos suicidas de su mujer y la pérdida de un embarazo, es quizá es más impactante. Las decisiones posteriores pertenecen a una persona decidida a no repetir el modelo de familia disfuncional de la que procede.

Harry revela numerosas mezquindades tanto de su padre como de su hermano y no se priva de comentar otras intervenciones intencionadas de Camilla Parker Bowles, la actual reina consorte. Quizá este sea, para la familia real, el capítulo más embarazoso, porque es la parte en la que el autor se refiere a calzón quitado a la quita de apoyo familiar en todos los sentidos: afectiva, espiritual y financieramente.

El dinero, un tema del que la aristocracia y las monarquías no hablan jamás en público, ocupa un lugar interesante en la última parte de estas memorias.

Da la impresión que Harry encontró el empuje para escribir su libro a partir de la paternidad y con el empuje de Meghan, “el amor de mi vida” como la llama. Quizá su deseo más íntimo sea que, cuando tengan edad para leer y entender estas páginas, sus hijos Archie y Lilibeth –que hoy crecen lejos de la corona británica–, se sientan orgullosos de su padre y no echen de menos la vida en la jaula de oro que les estaba destinada.

PC

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